HACE YA CASI UN AÑO QUE NO ME HE SENTADO FRENTE AL COMPUTADOR PARA ESCRIBIR ALGO, HASTA EL DÍA DE HOY, DONDE ME SENTÉ UNOS MINUTOS A DISFRUTAR DE MI CAFÉ FAVORITO, Y COMENCÉ A MI ALREDEDOR BUSCANDO EN QUE INSPIRARME, Y HE AQUÍ MI RESULTADO.
ESPERO LES GUSTE.
Estaban sentados frente a frente,
con sus piernas rosándose levemente. Sabían que no era adecuado, pero que más
daba, habían esperado mucho por ese encuentro.
¿Que importaba lo que la sociedad dijera?, Además, sólo era un rose por
lo pequeña de la mesa. No era algo que
hubiesen buscado.
El calor de su rodilla enviaba oleadas de sensaciones a la boca del estómago, y por qué no decirlo a un poco más al sur. Se removió un poco en su asiento, acomodándose esa incomodidad que comenzaba a notar, y que iba creciendo dentro de sus pantalones. ¿Y si alguien más la notaba? No le había sucedido nunca en medio de un lugar público.
Volvió a moverse en su puesto, la rodilla de su acompañante se había movido unos centímetros al interior de su pierna, ejerciendo un rose que le había aparecido delicioso. ¿Hacía cuanto tiempo que alguien no había rosado el interior de su pierna? ¿Cinco, seis meses? No podía ser tal su desesperación por contacto físico, pensó.
La pierna que tocaba el interior de su muslo ascendió y descendió suavemente provocándole un escalofrío que recorrió su espalda. ¿Era la situación? ¿la persona que tenía enfrente? No lograba comprenderlo.
Alzó la vista por unos segundos, y se perdió
en esos ojos pardos que lo miraban intensamente, y en esa sonrisa insinuante que se dibujaba
en el contorno de sus labios. Sabía lo que estaba provocando en él, y lo disfrutaba.
Palabras silenciosas fueron dichas aún sin pronunciarlas.
Al unísono
se pusieron de pie, y guardaron aquello en que estaban trabajando, se subieron
a sus autos y emprendieron el camino.
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