martes, 15 de octubre de 2024

MUDA INSINUACIÓN.

HACE  YA CASI UN AÑO QUE NO ME HE SENTADO FRENTE AL COMPUTADOR PARA ESCRIBIR ALGO, HASTA EL DÍA DE HOY,  DONDE ME SENTÉ UNOS MINUTOS A DISFRUTAR DE MI CAFÉ  FAVORITO, Y COMENCÉ A MI ALREDEDOR BUSCANDO EN QUE INSPIRARME, Y HE AQUÍ MI RESULTADO.   

ESPERO LES GUSTE.



Estaban sentados frente a frente, con sus piernas rosándose levemente. Sabían que no era adecuado, pero que más daba, habían esperado mucho por ese encuentro.  ¿Que importaba lo que la sociedad dijera?, Además, sólo era un rose por lo pequeña de la mesa.  No era algo que hubiesen buscado.  

El calor de su rodilla enviaba oleadas de sensaciones a la boca del estómago, y por qué no decirlo a un poco más al sur.  Se removió un poco en su asiento, acomodándose esa incomodidad que comenzaba a notar, y que iba creciendo dentro de sus pantalones. ¿Y si alguien más la notaba?  No le había sucedido nunca en medio de un lugar público.  

Volvió a moverse en su puesto, la rodilla de su acompañante se había movido unos centímetros al interior de su pierna, ejerciendo un rose que le había aparecido delicioso.   ¿Hacía cuanto tiempo que alguien no había rosado el interior de su pierna?  ¿Cinco, seis meses? No podía ser tal su desesperación por contacto físico, pensó. 

La pierna que tocaba el interior de su muslo ascendió y descendió suavemente provocándole un escalofrío que recorrió su espalda.  ¿Era la situación? ¿la persona que tenía enfrente? No lograba comprenderlo.  

Alzó la vista por unos segundos, y se perdió en esos ojos pardos que lo miraban intensamente, y en esa sonrisa insinuante que se dibujaba en el contorno de sus labios. Sabía lo que estaba provocando en él, y lo disfrutaba. 

Palabras silenciosas fueron dichas aún sin pronunciarlas.  

Al unísono se pusieron de pie, y guardaron aquello en que estaban trabajando, se subieron a sus autos  y emprendieron el camino.



sábado, 20 de enero de 2024

LA PLAYA


Levanto mi cabeza de la comodidad de la toalla,  el calor hoy azota en medio de la playa, esta tarde iquiqueña.  El silvido del vendedor de helados me habia arrancado del atontamiento que me estaba generando el sol.   El grito de un vendedor resona en mi oído izquierdo,  mezclándose con el del señor que vende aguas. Termino de salir del trance en que me haya sumergida, y de pronto me encuentro en una realidad paralela,  como si estuviera en un pub playero v/s mall, con su food garden y todo. Los vendedores ambulantes, gritando venden pizzas, las empanadas de queso y camaron queso, las de pollo, las veganas; el ceviche levanta muertos con leche de tigre, las papas rellenas, los barquitos con guacamole, los churrascos, los lomitos, los completos, las ricas colaciones, los helados caseros, la ensalada de fruta, las corona, los jugos naturales (exóticos), limonadas, jugos de naranja, mojitos con y sin alcohol.  Pasa junto a mi una sra vendiendo toallas (por si algún distrído se olvido traer la suya).   No falta el vendedor de lentes, accesorios para moviles, pareos y salidas de playa, tobilleras, flotadores, pulseras protectoras. 

He disfrutado de la feria gastronómica, tratando de probar de todo un poco,  pero simplemente el bolsillo no alcanza.

Cuando el sol comienza a declinar,  empiezan a salir los berlines, el rico y refrescante mote con huesillo, los churros rellenos, los choclos con mantequilla, el algodón de azucar, los quequitos, los sanguches de queso.

A la hora del happy hour llamo al caballero del mojito, y cuando voy a pagar me doy cuenta de que ya no me queda efectivo,  me excuso  avergonzada por haberlo molestado, y el sonriente me dice "se aceptan transferencias electrónicas".  Me sonrío, cuan equivocada estaba. En esta multiculturidad en que hoy en dia nos encintramos sumergidos,  me doy cuenta de que esto no es un pub, ni un food garden.  Esto es un all inclusive, sólo que yo olvidé comprar la pulsera de  membresia.